jueves, 29 de octubre de 2009

Manifisto quebrantista II

Durante algunos años hemos estado observando el trabajo de otros escritores y nos hemos hecho un juicio crítico de sus obras; por ello para nosotros no cualquier texto escrito, aun nuestro, podemos considerarlo como literatura. Los estudios semióticos (no tan profundos que nos nublaran el suelo) nos permitieron concebir la estructura de la forma en su relación con el contenido, así, el quebrantista al conocer esta coyuntura se atreve a replantear las mismas relaciones y las formas utilizadas en la literatura, no ya sólo por nuestros antecesores, sino aun por quienes nos sucederán.

La forma del contenido se expande como un manto abarcador que precisa de todas las palabras de que el autor tiene conciencia y con las cuales intenta dar al lector la sensación de encontrarse en una historia sin fin. El quebrantismo es un trabajo intelectual que se funda en la lectura de otros autores, no con el fin de copiar aunque sí con la intención de alcanzar modelos hipotéticos de escritura. Es un sueño que cansa, que nuca se alcanza y donde el reto para el lector es terminar la lectura. Los elementos simbólicos son siempre necesarios, sin embargo, estos símbolos no son siempre conocidos. El mismo texto es en sí un símbolo que nos indica el tipo de lectura que debemos llevar a cabo; la tipografía, el espaciado, las sangrías y cada una de las formas que se hayan en la zona visuográfica contienen un significado latente que potencializa semánticamente el texto literario del quebrantista.

De igual modo como lo plateara el gran literato conosureño, nuestra literatura carece de nombre porque en ella no es importante el autor; es decir, lo importante para nosotros es la literatura, el texto literario, la construcción ingeniosa del texto y el debido uso de las palabras que siempre, como ya lo he mencionado, están intencionadas para obtener el máximo efecto, como fuere que se manifieste en el lector, de agrado o disgusto. Buscamos nuevos horizontes dentro de la ceguera en que se encuentra la literatura de otros que, contemporáneos a nosotros, desprestigian la literatura misma. Nuestra literatura (como principio romántico) no es literatura en sí, sino hasta que los ojos críticos del lector decodifican en sus formas el contenido y éste les es impactante. El quebrantismo propone un golpe a los sentidos que desoriente, propone innovar no el tema ni la forma, sí su relación, su causalidad.

martes, 27 de octubre de 2009

Manifisto quebrantista I

Hoy, octubre de 2009, me he sentado frente a esta pantalla para declararme quebrantista al igual que muchos otros escritores de mi generación; sin embargo, creo indispensable, para ustedes que leen, conocer las bases del movimiento literario del que me jacto ser miembro, por ello escribo estas escuetas líneas que son idea del Manifiesto Quebrantista.

Sabemos que, durante los miles de años que lleva la escritura de ejecutarse como medio donde el contenido encuentra su forma, la literatura como obra de arte es apenas más joven que aquella. Las relaciones grafosemánticas de la primera persiguen la consecución de ideas prácticas, y no, para la vida; mientras que la segunda (la literatura), hace de esas relaciones un trabajo de intelecto e ingenio que potencializa las intenciones de quien la ejerce. Así, durante años las manifestaciones literarias han sido, en el mejor de los casos, trabajos expertos sobre la lengua y su sistema de representación gráfico que permite transgredir el presente. No obstante la literatura, que de igual modo a las etapas de la historia, ha adquirido su nombre de quienes ya no la representan, hoy inventa de sí nombres para reclamarse íntegra, independiente y abarcadora. En latinoamérica este fenómeno comienza a vislumbrarse con los modernistas, quienes aceptaron el título y lo defendieron con la espada que les dio el arte: las letras. Siendo esa circunstancia la única (la única) en su tipo, comenzaron a formarse los grupos culturales que reclamarían un título de corriente literaria que fuese incluyente con ellos, a la vez de elitista con otros más. De ahí que surgiera figuras como Octavio Paz, quien en lugar de promover la literatura como tal, promovió la literatura que él consideraba de calidad.

Hemos de decir (sí, digo hemos porque somos varios) que el quebrantismo no lo hemos inventado nosotros. El nombre llegó de igual forma que el título modernista para Darío, somos señalados como tales porque somos irreverentes, porque somos trágicos, románticos, realistas, raristas, cosistas, pero sobre todo, porque nuestro trabajo siempre está mal para los ojos de quienes nos juzgan, para aquellos que han hecho de la literatura un arte incólume e inaccesible para los más. Somos costumbristas sin pertenecer a los ultra, somos una ficción de escritor que ficcionaliza el todo y donde las posibilidades de lectura se multiplican cual Biblioteca de babel. Nuestro nombre nos distingue por ser atrevidos, por optar como los modernistas por el símbolo de la palabra y en la palabra, y por anteponer la razón literaria antes que vejarla con publicaciones estériles en revistas seudolitrarias. Nuestras participaciones en concursos no indican una contradicción en nosotros, nuestro objetivo es ser leídos y por ello no esperamos ganar, porque esa idea supone la existencia de algún tipo de corrupción en la literatura que dirigen los círculos dominantes de la cultura.

domingo, 25 de octubre de 2009

Jacinta (canción del álbum Tristezas del viento)

Jacinta la hija del pueblo
nació de un rayo de luz,
creció con el brillo en su cuerpo,
su risa mató el dolor.

Al campo ofreció su delirio,
cortando las flores amó,
sus pasos hicieron camino,
senderos que el hombre siguió.

Debajo su saia, el deseo,
envidia de quien nunca amó,
botón de flor en invierno
que un día de mayo rompió

Franco corazón que todo creyó,
franco corazón que todo lo dio,
verde y azul, sentimiento,
sangra la luz pensamiento.

Las sombras surcaron los cielos,
silencio a la risa pidió
que hoy pasa un corazón herido
sangrando las cuitas de amor

La luna menguó su cariño,
al campo la luz se negó,
marchita la flor ¡qué castigo!
Jacinta al viento se unió.

Franco corazón que todo creyó,
franco corazón que todo lo dio,
verde y azul, sentimiento,
sangra la luz pensamiento.

Jacinta la hija del pueblo,
soltando el llanto corrió,
dicen que vaga al viento
como si fuese una triste flor.