sábado, 11 de septiembre de 2010

Meta-morfeo

La problemática del mundo se reduce al tiempo, es decir, nada hay tan importante en él como el momento en que las acciones del ser son. No obstante, como Albert afirmara, el tiempo es indisociable del locus en que sucede algo, la realidad que conocemos (suponiendo que habrá otras por conocer) está compuesta de esta y no otra forma: espacio/tiempo.


Sólo era cuestión de tiempo. Digamos, las circunstancias en que sucede algo son como un engranaje que posibilita determinados resultados en la vida de los individuos. Miremos tan sólo un ejemplo; un joven de secundaria, en la edad más irracional que existe, que en algún día julio decide hacer lo que por obediencia y recomendación de sus padres tenía prohibido. Allá por la calle cinco de mayo, por donde el León de Huajuapan anduvo suelto, nuestro amigo Diego se encuentra con unos cholos que le hacen el alto. Es evidente su temor puesto que ha oído historias escalofriantes del quehacer de los cholos (todas falsas, por supuesto). Droga, cooperación para la bacha y nada más, cosa simple y no exclusiva de ellos. Creyendo haber establecido un pacto con el dinero que les da, menciona de repente: rolala, no, carnal. Y lo miran sonriendo al extenderle la bachita de mois que estaban por fumarse. Quizá en otras circunstancias, es decir, con amigos fieles y de actitud madura o por lo menos con la certeza de que no es la irracionalidad del miedo quien motiva sus palabras, quizá entonces la moneda del destino hubiese caído a su favor y hubiese sido la vida más bondadosa con él.


Fumar marihuana no es malo, porque la maldad y la bondad son conceptos humanos que no existen en la naturaleza, por ello, fumar algunos porros no es malo, pero es una pésima idea cuando nuestro desarrollo en sociedad no ha alcanzado la madurez suficiente como para ser conscientes y responsables de nuestros actos. Nuestro personaje: inmaduro, mal orientado por la cultura cholo, encuentra un placer innegable en el sabor somnoliento de la marihuana. Sus pensamientos aletargados lo deforman y pese a que esta droga es un depresivo, la mente en su intento por conservar la cordura ataca con otras sustancias el cerebro para que no se libere el monstruo que todos llevamos en la psique. Pero todo está perdido, el tiempo no fue suficiente y es demasiado tarde para remediar todo mal. Ahora es un ser inmensurable y capaz de transformar el mundo con el rojo de sus ojos y el dilatado cristalino de su mirada. Las calles flotan en curvas que suenan como gotas en un charco y el eco de sus inmersiones rompe las distancias y todo queda claro ante sus oídos, las pláticas de la gente en el parque son todas a la vez inconfundibles. Capta el radio y todas las estaciones. Entiende todas las lenguas, e incluso aquellas que se resguardan en la memoria de la historia, ahora le son como su lengua materna. Mira los ojos de dos hormigas que están a mitad de una encrucijada: llevar a una cucaracha al hormiguero por la puerta Prismus o Alterus; no sabía que las hormigas hablaran latín, aunque más parece una mezcla de Formibreo con Insectum Clásico; mientras la cucaracha, tan inmortal como es natural a su especie, dice en un lamento incontrolable: ¡yo quiero donar mis córneas a los niños mutantes que yacen en el alcantarillado a la espera de un óvulo fuerte que los fecunde en un sueño y les dé realidad; yo quiero regalar mis alas a los ciegos para que quemen sus ojos en el cielo! Y ante tales eventos responde con naturalidad: llévenla por Sapien, porque las otras dos han sido tomadas por los caballitos del diablo y con sus cuatro alas han desecho los caminos… y así lo hacen las hormigas, arrastran de las antenas a la cucaracha mientras ésta continúa con sus cuitas.


Va por los caminos amarillos oyendo toda clase de orgasmos y de pronto siente que pierde densidad, todo es posible, hora puede volar. Despliega sus alas de halcón y las bate experimentadamente por los cielos de la ciudad, la necesidad de estabilidad le generan una cola de mantarraya que en lugar de veneno tiene la ponzoña del amor. Abajo la gente lo aclama como si fuera un Dios y él de tan buen corazón los baña de miel, pero todos se pelean por ese don y como es menester de él que las cosas estén en orden, a aquellos que predicaron la envidia les lanza un rayo de sal que los quema, el estruendo queda como advertencia a todos aquellos que hicieren igual. ¡Qué aburrida la vida de los mortales!


Adelante la sombra de otro ser lo detiene, es su enemigo mortal que trae consigo un ejercito a la batalla por gestarse; no obstante, el miedo ahora sólo es una vanidad que no se permite. Con su espada de fuego corta cabezas a los Clocantes. Su cuerpo bañado en la gloria de la sangre honra la batalla y sube de nivel, la transparencia ahora es su naturaleza. Apaga su imagen mientras el desconcierto de su enemigo prepara la sumisión mas no puede darse el lujo de perdonarlo. El filo de sus uñas separa lentamente la carne del cuello de su enemigo quien, al sentir una cascada de sangre bajo su barbilla, va cloqueando: ¡me rindo! pierde materialidad en el mundo, ahora es un líquido venoso que se coagula sobre el suelo. La gente lo vitorea, cada nueva batalla lo reivindica; asciende al sol y se une a su padre humildemente como ofrenda al valor que se le ha otorgado.


El tiempo como un torbellino se derrama, los sonidos se alejan cabalgando la distorsión de sus ondas, las imágenes se derriten al fragor del pestañear. Sólo era cuestión de tiempo. Qué ha pasado en su ausencia: aquí la vida no ha cambiado, aunque él es más viejo y deambula por las calles, aquí sólo se puede notar que los años han deformado su ser. Dicen los que saben su historia que en la víspera de su graduación se fue al monte y que allá en un corral comió carne cruda de gallina, que por eso quedó loco, que por eso lo corrieron de su casa. Quizá, si en vez de un cholo hubiese sido algún tipo de mentor espiritual como el de Dante, su viaje a la realidad alterna no hubiese terminado en la bestialidad sino en la reflexión. Quizá.

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