viernes, 5 de febrero de 2010

Tierra madre mujer

Tierra, madre, mujer. De tus laderas el río de la caricia se ha formado para borrar la aspereza y dejar suave el beso del cielo cuando éste caiga sobre tu párvulo valle. Mas el cielo también lubrica; húmedo ambiente de los amantes eternos; vaharada-vida, muerte-sur.

Tierra, olor sensual que despierta a tu hombre, quien ausente de ti busca la cueva del eterno, al alba abre tus labios y cómeme. Cómete la vida de mi sangre en un beso, mátame con el enredo de tus brazos, acércame nuevamente a la vida constriñendo mi embro. Hazme nada y resucítame luego.

Madre, prueba mi rudeza que soy quien desafía al omnipotente, soy aquel que gana con la mirada las lágrimas de la desesperanza. Soy el pan y el vino; tu caricia y tu pecado; la salvación de tu deseo, el fuego vivo contenido en tus ojos, el líquido delgado de tus labios callados.

Mujer, mía y sólo mía. Hoy declaro que mi sueño ha sido quien te ha inventado. Existes porque creo en ti, pero ¿Quién cree entonces en mí? ¿Tú? ¡Arrastra mi cuerpo sin piel tan sólo con tu mirada! Los demás te ven pero únicamente para mí existes. Luz.

Tierra-madre-mujer. Plegaria de comunión en el santuario de tu vientre